Siempre me había llamado la atención ese mundo extraño, donde la gente parece flotar sobre las nubes, mirando sus problemas de lejos y riendose de lo insignificantes que parecen para luego bajar al suelo y ver su cruel magnitud, sumidos en un algoritmo de anarkía, un caos vital casi irreparable, pero yo no veía esa parte, aún no, el calvario aún no había empezado.
Esa nube que yo quería sentir, esa ausencia de responsabilidad total, esa amplitud al ver las cosas de una manera mas relajada, distendida, sin estrés, de liberarme de esas ataduras crueles que exigían de mi cosas que no me gustaban y esa nube que estaba tan cerca, al alcance de mi mano, me tentaba, me daba miedo.
Conocía un sinfín de maravillosos elixires para conseguir esa vaga sensación de bienestar, la sociedad y los medios gritaban sus nombres, estaban a mi alrededor, susurrándome, en cada esquina, me perseguían en un torbellino de sensaciones contrapuestas. Ellas me querían. Yo a ellas también.
También estaba ese ineludible peso que estaba arrastrándome al fondo de ese abismo de desesperación y que yo en un cruel y patético intento trataba de levantar, me ahogaba más y más, hiriendo mi orgullo, diciendome que ellas son más fuertes, no lo creía.
Hasta que todo empezó...
meigallos
Hace 15 años
Esto me recuerda a cuando eramos pequeños, cuando lo veíamos todo desde esa nube y todo nos parecía un sueño. Cuando no existían más preocupaciones que las de asegurarse una tarde para pasarlo bien.
ResponderEliminarAunque si lo pensamos bien, seguimos pretendiendo hacer lo mismo: tener la mejor vida posible, sólo que debajo de la nube, ¿porqué? porque maduramos.
Dice el dicho que no es más sabio el que más años ha vivido, sino el que más experiencias ha vivido. Y así es.
Y así, ahora seguimos teniendo metas, objetivos, fines, pero las decepciones siguen siendo las mismas.
Seguimos llorando por aquello que perdimos, seguimos lamentándonos por aquello que nunca tuvimos...
Pero también seguimos superándonos a nosotros mismos, pensando en metas que quizás nunca alcanzaremos, soñando, idealizando.
Y quizás sea ahí donde resida la magia, esa magia que teníamos desde pequeños, y que ahora de adultos nos hace falta para superar estas duras situaciones con las que la vida nos pone a prueba.
Un abrazo muy fuerte.